Alguien me escucha

Claudio Abbado confiesa que “él es un gran admirador de Elias Canetti, recuerda al escritor de raíces sefardíes para llamar la atención sobre lo importante que es la escucha. «Canetti dijo una vez: “He encontrado alguien que me ha escuchado y me he emocionado”»

La sujección

La sujección, como la división, «habla» y «es hablada». [...] Los objetos de su identificación o falso reconocimiento (como la ropa, por ejemplo) son prescritos por valores sociales que le preceden y le envuelven. Y estas identificaciones no son tanto una representación distorsionada de un estado «real», como podría suponer un empirista, sino, más bien, las verdaderas relaciones de una sociedad tal y como es percibida por sus sujetos. [...] La misma condición social es su negativa de acceso a lo «real», su prohibición penetrante de auténtico conocimiento de uno mismo.

Lacan afirma que lo único real que puede encontrarse en el proceso primario es «lo imposible», y que cualquier mecanismo («appareil») de lo real que podamos atribuir al sujeto es un espejismo. [...] su teoría se opone completamente a cualquier filosofía basada en el «cogito» (la autonomía activa del pensamiento y la percepción humana). Y si defiende que la etapa del espejo es una «identificación», entonces su definición del término está muy alejada de la «identidad» de los humanistas: la identificación es la transformación que se produce en los sujetos cuando aceptan su imagen. Esta transformación sitúa al ego en una línea de «ficción» o discordancia que nunca puede ser resuelta por el individuo. Es más, la misma permanencia de nuestra sensación de nosotros mismos es una prueba de nuestra alienación. El desarrollo del sujeto es un «drama»: cogido desde el principio por el cebo de la imagen espacial, el niño continúa experimentando fantasías de un cuerpo fragmentado, antes de asumir finalmente un rígida totalidad, una «armadura» de «identidad» alienada. [...] el yo especular se convierte en lo propio social, entonces la alienación se vuelve paranoica: siguiendo el deseo del otro, los sujetos forman sus objetos sólo en la medida en que esos objetos se conforman con los deseos rivales de otras personas.

Paul Julian Smith

Una historia propia

La inconsistencia de la trayectoria de Lázaro sugiere también que la historia es una secuencia de «identificaciones», de imágenes de sí mismo asumidas por el personaje que transforman su propia esencia. El modo en que esta primera fragmentación se fija o coagula dentro del rígido armazón de la identidad social también está claro en la historia, como es el caso de la naturaleza alienante de esta identidad, que impide al personaje satisfacer sus necesidades al mismo tiempo que afirma haberlo hecho. La psique de Lázaro es un campo de batalla, desgarrado entre el deseo y la Ley, y su experiencia adulta es paranoica en el sentido técnico de Lacan: el único conocimiento del mundo al que él da crédito es el que le dictan los demás. No es simplemente que el éxito social se compre al coste del fracaso personal, sino que Lázaro no tiene espacio personal, no tiene auténtico deseo que no esté comprometido por la alienación. Leer el resto de esta entrada

El gozo

Aquello que retenía toda mi atención [en la obra de Deleuze] era el concepto de gozo, en el modo en que Deleuze lo retoma de Spinoza, pero que luego desarrolla hasta convertirlo en emblema de toda su obra. Gozo como el aumento de pensar y de hacer, junto con nuestra capacidad de experimentar afecto; gozo como el recorrido común de nuestro cuerpo con otros, que inventa nuevas relaciones y crea cuerpos sociales más dichosos; gozo como una lógica del ensamblaje. El gozo, así entendido, rebasa los márgenes de la filosofía, para invadir todo el plano político de la democracia y de la fraternidad. O mejor aún: el gozo, como plano de inmanencia absoluta, que se torna un modo de ser.

Michael Hardt

El descubrimiento de sí

[...] existe en todas las sociedades otro tipo de técnicas (además de las de producción, de significación y de dominación): las que permiten a los individuos efectuar, por sí mismos, determinado número de operaciones sobre su cuerpo, su alma, sus pensamientos y sus conductas, y de esta manera producir en ellos una transformación, una modificación, y alcanzar cierto estado de perfección, de dicha, de pureza, de poder sobrenatural. Llmemos a estas técnicas, las técnicas de sí.

[...] Me parece que en cada cultura la técnica de sí implica una serie de obligaciones de verdad: hay que descubrir la verdad, ser iluminado por la verdad, decir la verdad. Muchas coacciones se consideran importantes bien sea para la constitución, bien para la transformación de sí.

En la actualidad, ¿qué es la verdad como deber en nuestras sociedades cristianas?

[...] en el cristianismo el descubrimiento de sí no revela el sí mismo como una ilusión (como en el budismo). Cede el lugar a una tarea que sólo puede ser infinita. Dos objetivos definen esa tarea. En primer lugar, existe el deber de despejar el espíritu de todas las ilusiones, tentaciones y seducciones susceptibles de alumbrarse allí, así como el deber de descubrir la realidad de lo que pasa en nosotros. A continuación, hay que liberarse de toda adhesión a sí, no porque el sí mismo sea una ilusión, sino porque es demasiado real. Cuanto más descubramos la verdad sobre nosotros, más debemos renunciar a nosotros mismos, y cuabnto más queramos renuinciar a nosotros mismos, tanto más nos es necesario poner a la luz nuestra propia realidad. Eso es -esta espiral de la formulación de la verdad y de la renuncia a la realidad- lo que está en el corazón de las técnicas de sí practicas por el cristianismo.

[...] en esta infinita espiral de verdad y de realidad del sí mismo la sexualidad tiene, desde los primeros siglos de la era cristiana, una importancia considerable; y una importancia que no ha dejado de crecer. ¿Por qué hay un lazo tan fundamental entre la sexualidad, la subjetividad y la obligación de verdad?

 

¿Qué quiere (¿de mí?)?

3 rue de Lille, Paris, France.

consulta de Jacques Lacan

El tiempo

En el año 1953 hay una preocupación en Lacan por restituir la historia del serdiciente. (…) Comienza a marcar la diferencia entre historia y pasado. Dice «la historia no es el pasado, la historia es el pasado historizado en el presente». (…) Lacan comienza a establecer diversas críticas a las confusas formulaciones vigentes en el medio psicoanalítico. Una de las confusiones más generalizadas es aquella para la cual la restitución de la historia del sujeto adquiere la forma de búsqueda de la restitución del pasado; en relación a esta búsqueda de restitución del pasado se plantean la cuestión del tiempo y la función de la temporalidad. Si se trata de una restitución de la historia: ¿de qué historia se está hablando?. La historia ¿es una sucesión de acontecimientos pasados?

En torno a esta restitución del pasado se abre la función del tiempo en la realización del sujeto. hay que considerar esta realización del sujeto como una temporalización. Si hay temporalización, cabe preguntarse ¡qué es la temporalidad? ¿El sujeto habita en un tiempo que transcurre fuera de él, en un tiempo que pasa, un tiempo en el que se suceden los instantes? ¿En qué circunstancias es posible revelar esa temporalidad? la posibilidad de revelar esa temporalidad del sujeto es la cura analítica.

La cura analítica revela la temporalidad originaria, es en sí misma la unidad de esa temporalidad. Por eso en esta cura no se puede hablar de pasado, presente o futuro en sentido habitual; una prueba flagrante de ello es el síntoma. Aparentemente hubo unas causas que lo produjeron y que están en el pasado, pero es un pasado que opera en el presente puesto que hay un presentarse del síntoma, a la vez que hay una solicitación desde el futuro que se manifiesta como angustiosa para el sujeto, en la medida en que éste no sabe si podrá «dejar atrás » el presente del síntoma. Prueba entonces de que en el caso del pasado no se trata del «ya no es» o del «ha sido», de los cuales uno puede desentenderse.

Jorge Alemán y Sergio Larriera

La castración

La castración, en el sentido freudiano, quiere decir que el acceso a un ser pleno de goce está prohibido a aquel que habla.

[...]

Lo que en psicoanálisis se llama castración, es decir,  a la imposibilidad del sujeto de unificarse tanto en su cuerpo como en el sentido de su existencia, es el punto de partida a través del cual el sujeto es apropiado y expropiado por la tarea de su eleccción. Sólo hay castración donde el lenguaje y el goce se cruzan. En este aspecto, se puede afirmar que el goce no está presente en el animal en la medida en que el animal es «pobre en mundo». El ser en el mundo, en tanto a priori estructural y material, es el lugar para el psicoanálisis donde el lenguaje y el sexo se cruzan en el goce. La estructura del ser en el mundo en tanto a priori no se puede inferir, sólo cabe realizarla a aquel que le va el ser. Es a esa realización fallida a la que en psicoanálisis se llama inconsciente.

[...]

El concepto de castración introduce lo que el pensador de Ser y Tiempo había eludido, el compromiso del ser con el goce, al hacer comparecer, en el advenimiento de la subjetividad, la imposibilidad de la relación sexual y los modos de goce que en consecuencia se distribuyen y, a la vez, divergen. De esta forma, la culpa y la deuda originarias del ser, cuando pasan por el tamiz de la castración y su sujeto, posibilitan la emergencia de una clínica de referencias mucho más complejas y variadas que la analítica existencia.

Jorge Alemán y Sergio Larriera

El síntoma

El cuerpo habitado por las pulsiones queda atrapado en las redes significantes, se incluye en un discurso, y al hacerlo, mortifica al ser viviente. Pero tampoco lo simbólico, la mortificación significante, reabsorve todo lo concerniente al viviente.

El síntoma como acontecimiento del cuerpo —según la expresión utilizada por Lacan en su seminario sobre Joyce— da cuenta de un discurso sin palabras y traduce el silencio de la pulsión de muerte.

Silvia Elena Tendlarz

[...]

En el año 1953 hay una preocupación en Lacan por restituir la historia del serdiciente. (…) Comienza a marcar la diferencia entre historia y pasado. Dice «la historia no es el pasado, la historia es el pasado historizado en el presente». (…) Lacan comienza a establecer diversas críticas a las confusas formulaciones vigentes en el medio psicoanalítico. Una de las confusiones más generalizadas es aquella para la cual la restitución de la historia del sujeto adquiere la forma de búsqueda de la restitución del pasado; en relación a esta búsqueda de restitución del pasado se plantean la cuestión del tiempo y la función de la temporalidad. Si se trata de una restitución de la historia: ¿de qué historia se está hablando?. La historia ¿es una sucesión de acontecimientos pasados?

En torno a esta restitución del pasado se abre la función del tiempo en la realización del sujeto. hay que considerar esta realización del sujeto como una temporalización. Si hay temporalización, cabe preguntarse ¡qué es la temporalidad? ¿El sujeto habita en un tiempo que transcurre fuera de él, en un tiempo que pasa, un tiempo en el que se suceden los instantes? ¿En qué circunstancias es posible revelar esa temporalidad? la posibilidad de revelar esa temporalidad del sujeto es la cura analítica.

La cura analítica revela la temporalidad originaria, es en sí misma la unidad de esa temporalidad. Por eso en esta cura no se puede hablar de pasado, presente o futuro en sentido habitual; una prueba flagrante de ello es el síntoma. Aparentemente hubo unas causas que lo produjeron y que están en el pasado, pero es un pasado que opera en el presente puesto que hay un presentarse del síntoma, a la vez que hay una solicitación desde el futuro que se manifiesta como angustiosa para el sujeto, en la medida en que éste no sabe si podrá «dejar atrás » el presente del síntoma. Prueba entonces de que en el caso del pasado no se trata del «ya no es» o del «ha sido», de los cuales uno puede desentenderse.

Jorge Alemán y Sergio Larriera

El acto sexual

[...] San Agustín da una descripción horripilante del acto sexual. Para él, el acto sexual es una especie de espasmo. Todo el cuerpo, dice san Agustín, está agitado por horribles sobresaltos. El hombre pierde todo control de sí mismo. «El deseo no se contenta con adueñarse del cuerpo por completo, exterior e interiormente, sacude al hombre entero, uniendo y mezclando las pasiones del alma y los apetitos carnales para ocasionar esta voluptuosidad, la mayor de todas entre las del cuerpo; de manera que, en el momento en que llega su culmen, toda la agudeza y lo que se podría denominar la vigilancia del pensamiento están casi anodadas» Leer el resto de esta entrada

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